viernes, 14 de febrero de 2014

Gracias, amor


El accidente que dejó en silla de ruedas a su esposo ha representado reto para Inés; desde hace más de una década se ha consagrado a atender a su marido. Están juntos “en las buenas y en las malas”. 

 

Por  María Teresa González 
mtgonzalez@valledelmayo.mx 

 Navojoa/VM, 13 de febrero.- Inés desde hace más de una década ha sabido cumplir con amor aquella frase que escuchó al momento de unirse en matrimonio con su marido: el compartir los momentos buenos y malos.

Gracias, AmorEn casa de Inés todo está debidamente acomodado. Se respira un ambiente limpio. Ayer, la cocina olía a pastel.

Ella se llama Inés Palma Enríquez, una enfermera con 48  años de servicio en el Hospital Regional de Navojoa; su pareja es Vicente Velázquez Rodríguez, un electricista que ya no pudo trabajar más por un accidente de trabajo que tuvo al caerle un poste de madera de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

En la recamara matrimonial hay dos camas muy cerca una de la otra. Una de ellas tiene un barandal, es la de su esposo Vicente-. Al frente se encuentra un televisor grande y alrededor del ropero muchas medicinas… pero también se respira paciencia, cariño y amor, mucho amor.

Vicente, ahora tiene 65 años, cuando se cayó del poste, hace ya 11 años, los médicos le diagnosticaron  traumatismo craneoencefálico. Ese accidente le dejó paralizado su cuerpo. Sólo mueve las manos y un pie.
El trabajaba en el puerto de Yavaros, en Huatabampo, sustituyendo una red de energía eléctrica obsoleta, cuando ocurrió el accidente. El poste de la luz golpeó su cabeza en dos ocasiones, según contaron sus compañeros de trabajo.

Fueron 45 días los que Vicente estuvo internado  en el Seguro Social de Ciudad Obregón, 13 en terapia intensiva y con respiradores.

“Fue una etapa muy dura”, relató Inés, que compartía su tiempo con su esposo y su trabajo en el hospital.
A Vicente, Inés le cambia el pañal tres veces al día, lo baña, lo viste y lo consciente poniéndole películas que a él siempre le gustaron.

La mujer sonríe a carcajadas cuando dice que en su casa primero se paga el cable y luego lo demás.
Pareja 2Por las mañanas una vecina la apoya con el cuidado de su Vicente. El no habla, no tiene movimientos en una pierna, y no puede sostenerse de pie, también perdió el sentido de la memoria y hasta del sueño.

Sin embargo puede recordar situaciones vividas con sus compañeros de trabajo; a veces, el nombre de sus hijos, y aspectos de su vida y de todas las personas que le rodean.

Por las tardes, Inés dedica su tiempo al cuidado de su esposo. Vicente.
Ella conoce a la perfección todos sus movimientos de mano y gestos que hace con el rostro cuando intenta comunicarse con ella. Sabe cuando está enfermo, alegre o enojado. El también entiende todo lo que Inés habla.

Poco a poco, Inés fue comprando algunos aparatos para el buen cuidado de su esposo.

Las necesidades de Vicente han sido bien atendidas. Tiene calentones, colchón de aire, silla especial para  baño, sillas de ruedas, aspirador, nebulizador y pañales, lo que representan el gasto más fuerte que Inés realiza, además de  estar al pendiente de su tratamiento médico.“Se atiende muy bien porque tengo miedo que enferme, ya en una ocasión padeció de pulmonía fulminante. Rápido lo atiendo, no importa que tenga que darle mi medicina”.

Todos estos gastos los ha tenido que cubrir con el sueldo que gana como enfermera y la pensión que recibe su marido.

“Pero tú sabes que los tienen registrados con menor sueldo y eso les afecta”, precisó Inés.

 Vicente, el alegre.

Pareja Inés
Antes del accidente, Inés recuerda que su esposo era un hombre muy alegre y hasta un poco “loco”; le gustaba bailar con la música del “manicero”. No se diga del béisbol, su deporte predilecto y hasta lo practicaba los domingos, era catcher y sus compañeros de equipo hasta lo bautizaron como el “Vaya, Vaya”, porque eran las palabras que gritaba cuando jugaba.

Inés reconoció que su marido fue un gran apoyo cuidando a sus cuatro hijos, cuando éstos estaban pequeños. “Mi vecina siempre se fijó en ese detalle”.
Después del accidente, lo único que Vicente puede hacer es ver televisión y  películas de todos los géneros. Le encanta tener la compañía de sus nietos, familiares y recibir a los amigos. Un placer que se permite es disfrutar de su café por las mañanas y por las tardes.

Inés comentó que fueron seis largos meses de ir y venir al hospital de Ciudad Obregón, hasta que finalmente en su trabajo ya no le dieron más permiso. Para ella significó un fuerte desgaste físico, cayendo en depresión durante un año.

“Llegaba a las doce de la noche cansada y otro día había que volver. Los primeros meses, ya estando en casa, fueron igual de cansados porque Vicente no lograba conciliar el sueño. Siempre llegaba dormida a trabajar, hasta que un día el psiquiatra me dijo que fuera yo la que tomará la pastillas para relajarme. Quizás lo tenía cansado de tanto decirle todos los días lo mismo”.

Narró que mientras estuvo velando por la salud de su esposo, no le “caía el veinte”,  de las advertencias médicas de que quedaría en estado vegetativo, fue entonces cuando llegó la depresión.

Sin embargo, fue de gran ayuda un médico psiquiatra, que trabaja en el Hospital General apenas así pudo recuperarse de la depresión en que había caído. “A pesar de que soy enfermera había muchas cosas que no captaba”, comentó Inés.

Gracias, amor.

La mujer reconoció que el apoyo moral recibido en estas circunstancias resulta muy alentador, venga de quien venga, “eso hace que te levantes”.

Familia“Y no es que me haya acostumbrado a verlo así, simplemente me adapté a él”.

Vicente en una ocasión le dijo que mantenerse con vida había sido gracias a ella. Pero ella le dijo: “fue gracias a Dios”.

Vicente hace un gesto de agradecimiento con su rostro y manos. La voz de Inés se quiebra.

Esta situación que vive Inés y Vicente los ha unido aún más. En su hogar, pese a la condición de su pareja, se respira el amor, el cariño y la confianza que sólo una vida conjunta logra conciliar. Los dos juntos en las buenas y en las malas.