martes, 16 de julio de 2013

Catarsis- El arte de saber pelear…


Por Psic. Paola Fuentes


Navojoa/VM, 16 de julio.- “Dios nos ha dado dos oídos para escuchar el doble de lo que hablamos”… recuerdo que alguna vez una persona utilizó esta frase que me hizo reflexionar, en realidad esta frase nos resulta tan fácil de entender pero tan difícil llevar a la práctica cuando se trata de resolver un conflicto.

¿Cuántas veces al estar discutiendo con alguien, ya sea la pareja, los padres o algún amigo, nos dejamos llevar por la ira y decimos ofensas, de las cuales después nos arrepentimos, sólo por no tener la habilidad de controlar nuestras emociones?.

Muchos presumimos de ser prudentes y educados, pero cuando se trata de una discusión nos olvidamos de las reglas más primordiales  para poder llevar a cabo una comunicación efectiva.

Al estar molestos, nuestras reacciones alimentan más las discusiones y los conflictos,  hablando en sentido figurado es como si nuestras palabras se convirtieran en la leña que alimenta el fuego de la hoguera.

Hay una frase popular en la que se expresa que cada cabeza es un mundo,  es muy cierto, cada persona tiene maneras distintas de percibir las cosas, y por lo tanto a reaccionar diferente y son estas diferencias las que provocan discusiones y peleas.

Es natural que las diferencias se hagan presentes entre las personas que mantienen una relación, ya sea sentimental o incluso laboral, pero la manera de resolverlas  y llegar a acuerdos  será la misma en cualquier escenario.

Durante una pelea a menudo se presentan diversas barreras que impiden que la discusión se realice de una manera sana, propiciando un desenlace destructivo que genera rencores y sentimientos de ira y tristeza.

Una de ellas es  generalizar utilizando las palabras “siempre” y “nunca”, estas palabras funcionan como detonantes en una discusión pues al mencionarlas provocan que se cree la barrera de la pérdida de objetividad.

En esta barrera las peleas cambian de dirección y se empiezan a discutir circunstancias que ocurrieron en el pasado, es decir se pierde el orden y surge la confusión.

El hecho de que otras personas se encuentren presenciando la pelea propicia  la barrera del orgullo, pues el ego crece, y el objetivo de la disputa  se convierte en demostrar a los testigos quien es más inteligente, fuerte o dominante y luchan por mantener esa imagen.

Una buena pelea se consigue evitando las circunstancias que se mencionaron anteriormente, pero sobre todo escuchando, pues no sólo se trata de oír lo que está diciendo la otra persona, sino también de entenderla y esperar con paciencia y respeto nuestro turno para externar nuestras ideas y objeciones.

Otro de los aspectos que contribuyen a una discusión sana es tener presente que como seres humanos somos imperfectos, podemos tener errores y por lo tanto existe la posibilidad de no tener la razón al momento de discutir sobre algo.

También es necesario evitar ser autoritario, inflexible y utilizar frases sarcásticas, pues con estas actitudes se cierran las puertas al dialogo, irritando aún más a la otra persona.

Tal vez todas estas recomendaciones se olviden al momento de dejarse llevar por la ira, pero conforme se vayan llevando a la práctica se volverán parte de nuestro estilo de vida y contribuirán a tener una buena salud emocional.


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