jueves, 29 de septiembre de 2011

Pensándolo Bien: Presunto culpable

“El veredicto frecuentemente absuelve al cuervo y condena a la paloma”. Proverbio turco.

Por Juan Roberto Valdez Leyva                                                                                           

El Bitachi/ Navojoa.- El Derecho Internacional y los más elementales y primarios derechos humanos establecen que “Toda persona es inocente, hasta que se demuestre lo contrario.”

Sobre este supuesto debiese edificarse todo sistema  o poder judicial que se considere justo y humano.

Pero…sólo narraré dos casos recientes, protegiendo la identidad de los ofendidos:

1.- “Don Julián” fue aprehendido por la policía sólo porque en los instantes que se robaban un auto, él tuvo la mala suerte de pasar por ese lugar y fue señalado por una menor de edad.

2.- “Chucho” estudiante de bachillerato, hasta la cárcel fue a parar al ser timado por un bribón que le vendió una moto, prometiéndole que otro día le entregaría la factura correspondiente; pero dicha unidad ¡resultó robada!

Cabe aclarar que con la debida asesoría legal dichas personas pudieron demostrar su inocencia, después de pasar tremendo susto y haber cómo le hacen para limpiarse de ese estigma que ya les etiquetó el sistema policial que tenemos.

Y ese es el punto: Sin la vigencia de dicho principio tan importante, pues entonces quedamos a merced de lo que diga la “autoridá” que lamentablemente en muchos casos no investigan, ni presentan evidencias para comprobar que alguien ha cometido un delito previsto y sancionado por las leyes y mucho menos, se tiene la certidumbre de acudir ante un juez competente e imparcial que revise profesionalmente el caso y valore las pruebas ofrecidas a favor o en contra.

Desde la óptica policial, parece un mundo al revés: “Toda persona es culpable, hasta que se demuestre su inocencia.” Pareciera que se sospecha de todos, que no hay ciudadanos honestos que merezcan caminar libremente por las calles; que a la postre puede ser víctima de una detención arbitraria, expuesto siempre a la posibilidad de una registro en la esquina o en la carretera.

No estoy negando el derecho y la obligación que tiene el poder judicial para prevenir, contener y sancionar la delincuencia; es más, considero que es necesario y oportuno. Reflexiono en los métodos, en los medios, en el estilo, en la forma y en los excesos con que se desempeña tan delicada tarea.

El pasado domingo vi precisamente la película que tiene por nombre el de esta columna.

Expone con crudeza las arbitrariedades y debilidades con se maneja el caso de un joven señalado de cometer un homicidio. Detenido por un jefe policial prepotente y altanero, acusado por un mozalbete, encarcelado sin pruebas contundentes, sometido a una jueza que al solo verla y escucharla demuestra su falta de preparación profesional y su desconocimiento total de la aplicación de la justicia y, para rematar, ante un funcionario del poder judicial que falsificó su título y cédula profesional.

Son dos jóvenes investigadores quienes se interesan en el caso y cámara de vídeo en mano, entran al juzgado y a la cárcel, para entrevistar, filmar, documentar y presentar al público un caso que a juicio de los expertos, se reproduce cotidianamente con un índice escalofriante.

La víctima, que después de pasar injustamente casi tres años detenido, fue absuelto y dejado en libertad. Era y sigue siendo un trabajador común y corriente, era y sigue siendo un compositor de temas de rap. A continuación comparto con ustedes amables lectores la letra que le inspiró su amarga experiencia: Iztapa-rap.

“En este momento voy a sacar lo que yo siento, es una impotencia que me invade por dentro; pues has arruinado la vida de un gran cantante y sus ilusiones le parecen tan distantes. Fui atrapado, fui acusado sin saber lo que ha pasado. Fui llevado, procesado; por un juez encarcelado. Dicen que estoy sentenciado por las leyes del estado. Inocente en el estrado, culpable deliberado. ¿Qué demonios ha pasado? ¡Qué demonios! La suerte se ha esfumado, no ha estado de mi lado. Desgraciadamente, el de arriba me ha fallado; aunque no lo creo, el de arriba nunca falla. Un p…comandante que quería otra medalla. Y lo peor del caso es que lo seguirán haciendo. Y yo me pregunto, ¿Cuántos seguirán cayendo? No puede ser posible, no puede ser culpable. No puede ser posible, que las autoridades ya no sean confiables. El juez lo ha declarado culpable, andar por la calle ya no es confiable. ¿Cuántos de estos casos seguirán habiendo, cuántos inocentes seguirán cayendo? Fui burlado. Atrapado injustamente. Capturado. Parece que el Ministerio Público, todas las pruebas ha montado. No es posible, que de inocente siempre, vas a sentenciado; y que al Magistrado no le importe por lo que has pasado. Sin saber que hay allá dentro, hay mucha gente con talento. Su readaptación sólo se irá como el viento. Sólo un veinte por ciento, merece estar adentro. Ahora no queda cuidarse de la lacra, ahora hay que cuidarse de un oficial con placa. Es la misma gata nomás que revolcada, tienen el permiso para arrestar por nada. ¿Cuántos más abusos de la p…autoridad? Dicen que nos protegen y nos dan seguridad. Pero la verdad, si no tienen resultados, agarran a quien sea y lo meten al juzgado.”

Por cierto, la exhibición de dicha película fue vetada en un principio en nuestro país; luego reconsideraron tan represiva postura y miren lo que son las cosas: Recientemente ha sido galardonada en el extranjero con el prestigiado premio Emmy como El Mejor Trabajo de Investigación Periodística y seguía en espera de los premios al Mejor Cortometraje e Investigación Excepcional.

Sólo lamento una cosa: Si bien un inocente fue absuelto, ningún funcionario fue condenado por negligencia ni abuso de autoridad.

Buen día

Correo: juanrobertovl@hotmail.com