domingo, 19 de junio de 2011

¿Qué ocurriría si la misma humanidad cayera en desgracia?

Del libro “La armadura” de Cristhyan Bod.                                                                                          

Por Juan Roberto Valdez

El Bitachi/ Navojoa.- Por principio de cuentas debo confesar dos cosas: Primero: Que esta columna nació al término de una sesión de nuestro círculo de lectura que sábado tras sábado llevamos a cabo en El Museo Regional de Navojoa. Segunda: Que pensé dirigirla a los jóvenes pero dudé, ¿Acaso solo los jóvenes necesitan consejo? ¿No habremos adultos a quiénes también les urge una palabra que los haga pensar, reflexionar y actuar solidariamente?

Sin embargo no es casual que los jóvenes sean la principal víctima de las tragedias que atormentan a la humanidad.

No es casual que a ellos esté dirigida la metralla televisiva sobre el consumismo.

No es casual que los atiborren con mensajes sobre alcohol y sexo al tiempo que eliminan de sus programas de estudio la Educación Cívica o la Introducción a la Filosofía; la Ética o Humanidades.

Por eso y sin afanes de caer en actitudes moralistas, agradezco a quienes tuvieron a bien reflexionar lo que a continuación reproduzco:

En el pasado se habló de la lujuria considerándola como un estado mental de pensamientos excesivos de naturaleza sexual, que en su máximo grado puede llevar a la adicción al sexo, al adulterio y la violación. Hoy, las consecuencias modernas de esta situación tienen en alerta a los sistemas de salud en el mundo y en una carrera contra el tiempo para encontrar la cura contra el Sida.

También se hablaba de gula para referirse a la glotonería, es decir, al consumo excesivo de comida y bebida, asociadas además como formas destructivas de comportamiento. Ahora, se les denomina adicciones, adicciones a cualquier tipo de drogas, llámese mariguana, heroína, cocaína, metanfetaminas o cristal.

A la adquisición de riquezas en particular, se le denominó avaricia y ésta incluía deslealtad, traición deliberada, soborno, robo, asalto, engaño y manipulación de la ley y el orden. ¡Oops! De repente se me vinieron a la mente dos que tres políticos y la idea actual de que a dicho fenómeno ahora se le denomina narcotráfico.

Cuando se hablaba de pereza, se hablaba de la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia de uno mismo, de tristeza de ánimo, desgano, aversión a la caridad y al amor propio. En los tiempos modernos a esto se le conoce como depresión y suicidio.

La ira se describía como un sentimiento sin orden ni control, impaciente con los procedimientos de la ley y con tendencia de hacerse justicia con sus manos propias, llegando al extremo del homicidio, el asalto, la discriminación y el genocidio. Ahora se le conoce como odio, indiferencia y desprecio a quienes se supone no son iguales a alguien.

Quienes sienten envidia, desean algo que alguien más tiene. En la actualidad este sentimiento a veces llega a la infidelidad.

La soberbia se identificó como un deseo de ser más importante o atractivo que los demás, es la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, o el interés en cosas vanas o vacías. Ahora se le identifica como altivez, arrogancia,  bulimia o anorexia.

Y todos estos males tienen un destinatario: La juventud.

Porque la juventud es la clave, la moda.

Pero también son presente y promesas que las familias tejen como un futuro mejor, aunque haya medios que como modernas Penélope, insisten en destejer.

El ataque es a la juventud, pero hay que hacer los esfuerzos necesarios para verlos como un nuevo hallazgo o un nuevo amanecer; dándole ejemplos de honestidad, educación de calidad y motivándolos a aprender un oficio.

En estos tiempos tan difíciles, México tiene una necesidad imperiosa de jóvenes libres y valientes, solidarios, voluntariosos, sin egoísmos, sin excesos superfluos. Pero el mismo reclamo es para los adultos y sobre todo para el gobierno.

Finalmente, ya lo decía el filósofo griego Sócrates hace alrededor de 2,400 años: “Nada resulta demasiado difícil para la juventud.” Menos cuando de la patria se trata.

Un abrazo.