miércoles, 29 de junio de 2011

In Memoriam a Esteban: Cuando un amigo se va

En más de una ocasión tuvimos la oportunidad de compartir el pan y la sal, de bromear abiertamente de ésta, de aquella y tantas cosas de la vida

Por Cuauhtémoc Mávita E./Periodista

El Bitachi/ Navojoa.- Hace unos días me enteré que el periodista Esteban Rodríguez Salazar había dejado de existir. No se si fue mi amigo o no; a estas alturas de mi vida no he logrado entender lo que esa palabra realmente significa. Lo que si se es que en más de una ocasión tuvimos la oportunidad de compartir el pan y la sal, de bromear abiertamente de ésta, de aquella y tantas cosas de la vida e inclusive intercambiar expresiones agrias cuando no estábamos de acuerdo, y sin embargo, eso no era motivo para los distanciamientos.

Más de una vez estuve en su casa con motivo de su cumpleaños, conviviendo sanamente, pulsando la guitarra y escuchándolo cantar alguna canción con cualquier letra que al fin y al cabo esos momentos eran solo para departir y desearle los parabienes al cumpleañero. Nuestra relación se caracterizó siempre por el respeto, la honestidad, la solidaridad y el entendimiento mutuo. Era hasta donde lo conocí, sin adular: un tipazo.

Lo empecé a tratar a mediados de la década de los ochenta. En ese tiempo el empresario, periodista, pero sobre todo un personaje con una alta calidad humana, José Alberto Healy, del periódico El Imparcial me solicitó me trasladara a Navojoa, “la Perla del Mayo”, para levantar la plaza. En esos años estaba entregando la alcaldía Luis Salido Ibarra al profesor Alfonso Rocha Moya (1982-1985). Rodríguez Salazar era a la sazón subdirector del Informador del Mayo, en tanto que el director era Feliciano Guirado Méndez. Éramos de dos medios de comunicación totalmente distintos, el primero se le reconocía como el de mayor presencia en la región del Mayo, el segundo como el mejor posicionado en Sonora y en la búsqueda de ese liderazgo en las ciudades más importantes del estado.

En otras palabras: periodísticamente se podría decir que como representantes de nuestros periódicos nos enfrentábamos en la arena de la información como dos rivales, pero en el trato como personas esa rivalidad no existía. Él, Esteban, tenía el don de derrumbar barreras, al igual que Fausto Islas Salazar que en esos años era el reportero estrella de la fuente política, empresarial y agropecuaria; otros también brillaban con luz propia como Francisco Salazar Rodríguez en los deportes, Jesús Antonio Velázquez en sociales y Santiago Barbuzón en la policiaca. En el campo del periodismo eran muchos para uno solo, pero les dimos guerra.

Esteban era un periodista empírico. Se hizo a tropezones y a fuerza de estar pegado a los linotipos copiando cuartillas de noticias, entrevistas y reportajes. Y aprendió a escribir como era él: sencillo, sin rebuscamientos, llamando pan al pan y al vino solamente vino. Su columna “De frente” era leída, creo que por muchos; era amena y tocaba la mayor de las veces en breves párrafos aspectos que a la mayoría nos pueden parecer intrascendentes, pero en su amenidad les hacía brotar el interés y cobrar vida.

Por cierto, en esa época del periodismo, antes del 2000 y más allá, el celo profesional era un valor que identificaba a la mayoría de los periodistas. Eran pocos los que pasaban a otro el “TIP” de algún suceso importante. Había competencia y todos buscábamos la nota de ocho columnas para la primera plana.

Si lo que les relato es amistad, entonces en este momento he encontrado el significado del término... ¡Adiós amigo Esteban, descansa en paz!.

Esos eran los buenos momentos periodísticos de Rodríguez Salazar. Le gustaba competir y en ocasiones sembraba dudas sobre algo o filtraba algún suceso noticioso falso entre el gremio que se convertía en una revolución, para después terminar en una sonrisa malévola o traviesa.

En una ocasión, cuando departíamos alegremente por rumbos de Huatabampito tuve la oportunidad de cobrarle una de cal por las que iban de arena, y desparramé entre la concurrencia que acababa de enviar a El Imparcial una entrevista que, casualmente, había tenido la oportunidad de hacerle en Huatabampo a Neil Armstrong, el primer hombre que puso sus pies en la Luna. Zorro, astuto, como era, empezó a cuchichear con uno de los concurrentes y se levantó para ir en la búsqueda de un teléfono para indagar si la versión era cierta. Una hora después, ante su innegable sufrimiento, le expresé que solo era una broma no precisamente de buen gusto, pero al fin y al cabo una broma.

Le gustaba la música, la cerveza, el vino y la buena comida. Un 31 de diciembre junto con Marco Antonio Velderrain Jordán, ex director del CBTIS 64, y Francisco Godoy Fernández, ex tesorero municipal con Rocha Moya, la emprendimos con rumbo a Yavaros, nos introducimos al mar en una canoa con todo y remo; fue esa una orgía de cerveza y ostiones. ¡Confieso que nunca había visto a un ser humano degustar tantos ostiones, y para rematarla, sin quererlo, fui el chef improvisado que los abría, se los preparaba y se los servía como si este fuera un Sidharta Gautama desparramando sus gotas de sabiduría!.

Ese día, ya oscureciendo, las autoridades de pesca nos sacaron prácticamente del mar, ya que todos los ostiones que se engulló Esteban, Marco Antonio y Francisco provenían de una zona vedada. Afortunadamente el delegado de Pesca, llamado Blas Castro Insunza, nos reconoció y nos perdonó la ofensa. Para terminar las llaves del auto se nos quedaron dentro de la camioneta, de tal manera que mientras nosotros tratábamos de recuperar el equilibrio y la buena compostura, el delegado mismo se encargó de hacer cientos de malabares hasta que recuperó las llaves. Llegamos a Navojoa ya entrada la noche. Él se fue a continuar su fiesta con su familia. El que esto escribe la emprendió hasta Cajeme en un modesto Volkswagen a recibir el Año Nuevo.

Esteban tenía palabra. A fines de los noventa fundamos, junto con Fausto Islas Salazar, la Unión de Periodistas de la Región del Mayo; Islas Salazar fue su primer presidente, después de él la presidencia la ocupé yo; sin embargo, la elección fue difícil; los votos estaban parejos, ello a pesar de contar con una carta poder del periodista Ramón Ramírez Landa que con su voto marcaba la diferencia; a Rodríguez Salazar lo trataron de convencer los contrarios, pero recuerdo muy bien sus palabras: ¡Ya le prometí mi voto a Cuauhtémoc y soy hombre de palabra hasta el final! Con su sufragio ganamos la elección.

Hay cientos de anécdotas que contar, pero resulta difícil en tan poco espacio. No obstante, con lo anterior sólo pretendemos recordar al ser humano, al periodista, al padre que se fue para no volver. Por otra parte, si lo que les relato es amistad, entonces en este momento he encontrado el significado del término, y ante ello solo me resta decir: ¡Adiós amigo Esteban, descansa en paz!.