martes, 21 de junio de 2011

Historia de un Movimiento

Por Francisco Javier Barreras Peralta
Coordinador de Socorros de Cruz Roja Mexicana
Delegación Navojoa.

Jean Henry Dunant.- Fundador del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Nació el día 8 de mayo de 1828* en Ginebra, Suiza. Fue el primero de cinco hijos de una familia que se dedicaba más a realizar obras de caridad, que a acumular riquezas.

Hijo de Jean Jacques Dunant y Anne Antoinette Colladon, quienes encabezaron una familia que era muy respetable y que consideraba como una férrea disciplina moral el inculcar valores, a sus miembros, de ayuda al prójimo.

En su niñez y juventud dedicó su tiempo libre a visitar a los menesterosos, los impedidos y los moribundos, ofreciéndoles ayuda y consuelo. Pasaba las tardes de los domingos leyendo libros a los presos de la cárcel de Ginebra.

En resumen, había comenzado a prestar en tiempo de paz, auxilio a las víctimas de la sociedad, golpeadas por el destino, mucho antes de ocuparse de los heridos de guerra.

En 1853 comenzó a trabajar en un banco; estaba convencido de que tenía el deber de usar su capacidad para triunfar en los negocios y así poder usar ese talento y riqueza en favor de los necesitados.

Participó activamente en la fundación de la Alianza Mundial de Asociaciones Cristianas de Jóvenes
** (YMCA por sus siglas en inglés), que se había creado en Londres.

* Este día el Movimiento Internacional festeja el Día Mundial de la Cruz Roja.

** Dunant aporto una contribución valiosa para que la YMCA se convirtiera en el poderoso movimiento mundial que es hoy; además, fue el principal autor de su carta en vigor.


Solferino, la batalla

Hablar de Solferino, es hablar del origen mismo del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja; remontarnos al distante 24 de junio de 1859, a la provincia de Lombardía, al Norte de Italia.

Los libros que tratan sobre los intentos de unificación de los estados italianos, describen a la batalla de Solferino como una batalla decisiva, aunque se consiguiera, como de costumbre, al precio de miles de vidas perdidas o arruinadas para siempre.

En Solferino estaba presente un civil, un comerciante, que había ido a Italia en viaje de negocios. Lo que presenció ese día cambio su vida y la de millones de personas. Su nombre, Jean Henry Dunant.

Del horror que produjo en él ese espectáculo terrible de caos y dolor, surgiría más tarde el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Durante una larga jornada, trescientos mil soldados de los ejércitos de Francia y sus Aliados combatieron en contra de los austriacos. El resultado, más de cuarenta mil hombres heridos o muertos, producto de una carnicería que duró 16 horas.

“Fue una lucha cuerpo a cuerpo, de un horror indescriptible”, escribió Dunant. “Austriacos y aliados se pisoteaban entre los cadáveres sangrantes, se destrozaban a culatazos… fue una matanza, no había piedad para los heridos, hombres convertidos en fieras los remataban…”

El amanecer del 25 de junio ofrecía un cuadro de pesadilla: campos asolados, armas rotas y abandonadas. Hombres extenuados y cadáveres. Aquella noche sin abrigo y sin agua causó la muerte de muchos hombres que hubieran podido salvarse, y los que sobrevivieron se encontraban en una situación lamentable.

Dunant no podía ser un testigo impasible y comenzó a ayudar. Empezó a asistir a los heridos en Castiglione, uno de los pueblos azotados por la guerra. Ahí consiguió agua y vendajes, y se dedicó a prestar asistencia a los soldados en la medida de sus posibilidades. Organizó los socorros y dirigió un equipo cada vez más numeroso de voluntarios.

Las “enfermeras” de Dunant, mujeres del lugar sin ninguna calificación, lo siguieron en aquel horror.  Nunca antes habían atendido enfermos, pero eran abnegadas y pacientes.

A pesar de que eran italianas y de que los heridos eran los temidos enemigos extranjeros, Dunant logró convencerlas repitiendo sin cesar: “tuti fratelli”, (todos somos hermanos). Pronto los lugareños repetían a su vez “tuti fratelli, tuti fratelli”.

Si bien en cierto que los escasos médicos y voluntarios trabajaban incansablemente, la falta de organización aterró a Dunant. Estos hechos le hicieron preguntarse: ¿acaso un poco de previsión no hubiera podido impedir esas numerosas muertes?, ¿acaso  no se hubiera podido disponer de más ambulancias, vendajes, medicamentos y voluntarios para acudir en socorro de los heridos?

La frustración, la indignación y el dolor de Dunant serian los cimientos para crear lo que hoy es el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y ayudaría a delinear las normas del Derecho Internacional Humanitario contemporáneo.

Solferino y sus consecuencias

Luego de presenciar la batalla de Solferino y de brindar su ayuda durante varios días a los heridos en combate, la idea de que tanta desgracia se podía evitar, no se apartaba de la mente de Dunant, y llegó a la conclusión de que la única forma de estar en paz consigo mismo era escribir sobre el horror del que había sido testigo.

Años mas tarde Dunant, escribiría un libro, Recuerdo de solferino, en el cual narró la matanza, los esfuerzos de los médicos, la valentía de los soldados y, sobre todo, el inmenso trabajo y bondad de todos aquellos voluntarios que habían prestado su ayuda para aliviar el sufrimiento.

Dunant corrió con los gastos de la primera impresión de Recuerdo de Solferino, y en noviembre de 1862 apareció la primera edición. La reacción que provocó el libro fue impresionante. El éxito arrollador de la obra dejó anonadado a Dunant.

Recuerdo de Solferino fue la chispa que encendió la llamarada de entusiasmo y los esfuerzos que conducirían a la fundación de la Cruz Roja.

El Comité de los Cinco

La gente estaba entusiasmada con la idea de Dunant, pero faltaba el trabajo de transformar la visión en un sistema práctico y eficiente. El Abogado Gustave Moynier, Presidente de la Sociedad de Beneficencia de Ginebra, redactó en unión con Dunant, los principios de la nueva organización. Cuatro miembros de la Sociedad de Beneficencia fueron elegidos para ayudar en la realización de la idea. El Dr. Louis Appia, Gustave Moynier, el cirujano Theodore Maunoir y el General Guillaume Henri Dufour.

Los cuatro se habían preocupado siempre por la suerte de los menesterosos y todos eran ciudadanos importantes y respetables de Ginebra. Junto con Dunant fueron llamados el “Comité de los cinco”, convirtiéndose más tarde en el “Comité internacional permanente de ayuda a los heridos militares en campaña”  y, posteriormente, en el “Comité Internacional de la Cruz Roja”.

La Conferencia de 1863

El 23 de octubre, se reunió la primera conferencia de Ginebra; el propio Dunant quedó impresionado por la numerosa asistencia.

A pesar de cierta resistencia, Dunant ganó la partida de la neutralidad de los servicios sanitarios, y se adoptó la recomendación de que fueran reconocidos como neutrales las ambulancias, los médicos y sus asistentes, así como los habitantes del país que prestaran socorro a los heridos.

Todos los países adoptarían un emblema universal, una cruz roja sobre fondo blanco que figuraría en ambulancias, hospitales militares y como distintivo en la ropa del personal sanitario.

Los Convenios de Ginebra*** fueron el primer tratado multilateral firmado por países, reunidos en tiempo de paz, para prevenir el sufrimiento.

*** En el transcurso de los años el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) logró que los gobiernos actualizaran y revisaran estos convenios, los que cuentan con un reconocimiento prácticamente universal.
(Pictet JS., La doctrina de la Cruz Roja. Ginebra, 1962).

La Conferencia Diplomática de 1864

Después de numerosas gestiones, Dunant logró en 1864, en Ginebra, Suiza, sentar las bases de la Cruz Roja junto con los representantes de 17 países.

Esta entidad de auxilio para los heridos de guerra, sin distinción de nacionalidades, adoptó los colores de la bandera suiza pero invertidos: una cruz roja sobre un fondo blanco.

Los años de miseria y soledad
Henry Dunant, como ha ocurrido con muchas grandes figuras, vivió en la miseria durante muchos años, errante de ciudad en ciudad y enfermo. Su único consuelo era ver que la Cruz Roja crecía a grandes pasos. Sus ideas ya habían salvado miles de vidas. Uno tras otro, los países organizaban sus propias Sociedades Nacionales y empleaban los años de paz en preparar la asistencia a los heridos de los ejércitos en campañas.

La bandera de la Cruz Roja comenzaba a ondear en muchos campos de batalla, convirtiéndose en un emblema conocido; grupos de enfermeras diplomadas y camilleros, junto con suministros y socorros médicos iban detrás de cada ejército en marcha. En 1876, Turquía adoptó el símbolo de la Media Luna Roja en vez de la  Cruz Roja: la Media Luna  Roja  que se extendería a lo largo de los
países musulmanes de todo el mundo.

Dunant vivió en Heiden, pueblo situado al este de Suiza, casi en el olvido total.

Los últimos años

Así hubiera seguido hasta el final de sus días, si en 1895 un joven periodista no se hubiera dedicado a escalar las montañas próximas al poblado. Charlando con la gente del lugar supo que el fundador de la Cruz Roja vivía en el hospital del pueblo, y como buen periodista concertó una cita y lo entrevistó.

Más de 30 años habían transcurrido desde la publicación de Recuerdo de Solferino, pero el público lo recordó. El artículo de este periodista, llamado Baumberger, provocó una respuesta abrumadora. Dunant comenzó a recibir cientos de cartas y muchas visitas de viejos conocidos; las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja del mundo entero le rindieron homenaje.

Finalmente, en 1901 se acordó entregar a Henry Dunant el reconocimiento internacional más importante en mérito a sus obras: el Comité del Premio Nóbel le concedió el primer Premio Nóbel de la Paz, en unión de  Fréderic  Passy,  por
quien Dunant sentía gran respeto.

Jean Henry Dunant murió a los 82 años, el domingo 30 de octubre de 1910.

Del hombre peculiar de Ginebra, cuya visión casi fue demasiado grande para su propio bien, nació un movimiento que hoy se extiende por todo el mundo, que ha llegado a millones de personas y que presta socorro por igual a civiles y a militares: una realidad aún más poderosa que el sueño de Dunant.

Para mayor información:
CRUZ ROJA MEXICANA
Coordinación Nacional de Difusión de la Doctrina de la Cruz Roja
Juan Luis Vives No. 200-2 Col. Los Morales Polanco
Miguel Hidalgo, México, D.F.
+ (55) 10 84 45 35
difusion@cruzrojamexicana.org.mx


Nota de El Bitachi:

En el caso de Navojoa el Día Mundial de la Cruz Roja y Día del Socorrista se conmemorará el viernes con una Misa a las 18:30 horas en el Santuario de Guadalupe.

Además se realizará un convivio para el personal de la benemérita institución en sus instalaciones, a las 20:00 horas.

Los Héroes