jueves, 7 de abril de 2011

Martín Luther King

A 43 años de su asesinato

Por Juan Roberto Valdez Leyva

Martín Luther King fue un pastor estadounidense de la Iglesia Bautista que desarrolló una intensa lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, nacido un 15 de enero de 1929, en plena Depresión económica y muerto un 4 de abril de 1968, año de intensas protestas sociales que aquí en México desencadenaron los tristes e infames sucesos de Tlatelolco.

Por sus intensas actividades contra la pobreza y encaminadas a evitar la discriminación y segregación racial, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964, es decir a sus 35 años de edad.

Entre sus discursos más memorables, sobresale “I have a dream”(Yo tengo un sueño) que significaría una fuerte sacudida a las conciencias, sobre la importancia de la lucha pacífica y social por los derechos civiles.

Por la vigencia de sus palabras y por la semejanza que usted pudiera encontrar con la realidad nacional, pongo a su disposición y para su análisis, fragmentos de tan importante pieza oratoria:

“Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto significó como un rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia.

Llegó como un precioso amanecer después de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien  años después la vida del negro es tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Hoy, queremos cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Independencia, firmaron un pagaré del que todos habríamos de ser herederos. Estos documentos fueron la promesa de que a todos los hombres les serían garantizados sus inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en día que han incumplido ese pagaré. En lugar de honrar esa sagrada obligación, hemos recibido un cheque sin fondos, pero nos rehusamos a creer que El Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de las oportunidades de este gran país.

Es el momento de hacer realidad las promesas de la democracia. Es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos. Es el momento en que la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente.

Yo tengo un sueño: Sueño que todos los hombres son creados iguales. Sueño que algún día, todos podamos sentarnos juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día,  el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de justicia y libertad.

Sueño que nuestros hijos no sean juzgados por su condición social, sino por su personalidad.

Sueño que algún día, podamos caminar unidos, venciendo los sonidos discordantes de nuestra Nación. Sueño que un día cantemos: ¡Mi país es mío, dulce tierra de libertad, a ti te canto, tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de todos, que repiquen los toques de libertad por donde quiera, que repique la libertad, que repique la libertad!

Martín Luther King es considerado uno entre los grandes líderes de la no violencia.

Con frecuencia _dijo _los hombres se odian unos a otros porque se tienen miedo; tienen miedo porque no se conocen: no se conocen porque no se pueden comunicar; no se pueden comunicar porque están separados.

Cuando, víctima de un atentado, fue herido con un puñal, expresó: El aspecto patético de esta experiencia, no es la herida de un individuo. Demuestra el clima de odio y de amargura que impregna a la nación. Hoy soy yo, mañana podría ser otro hombre, mujer o niño, quien sea víctima de la anarquía y de la brutalidad. Espero que esta experiencia termine por ser socialmente constructiva demostrando la urgente necesidad de la no violencia para gobernar los asuntos de los hombres.

Hace doscientos años, grandes mexicanos firmaron la Declaración de Independencia de México.

Hace cien años, se puso fin a la Revolución Mexicana

Pensamos que después de eso, se acabarían las amenazantes sombras del rezago y la marginación.

Que ya no se verían injusticias extremas.

Que jamás tendrían cabida de nuevo los latifundios, los cacicazgos y los monopolios.

En ese ínter, ascendieron y cayeron imperios. En ese paréntesis perdimos la mitad de nuestro territorio. Sufrimos invasiones. Permitimos una expedición punitiva contra Pancho Villa, que fue como si nuestro ejército se metiera a Estados Unidos a perseguir a alguien. Estamos permitiendo que aviones sobrevuelen flagrantemente nuestro cielo, que es como si aviones mexicanos anduvieran espiando Tucson, Phoenix, Los ángeles, Washington o Nueva York.

Hemos cambiado, cierto.

Ha habido avances, no se puede negar

Pero…las interrogantes son:

¿Suficientes?. ¿Favorables todos al país?. ¿Acordes para la movilidad ordenada de la población?.

¿Con espacios adecuados donde la juventud aplique su energía y talento para el desarrollo nacional?.

Ahí, en estos planteamientos cada quien tiene algo que decir… y hacer.

Buen día.