martes, 8 de marzo de 2011

Empleos verdes: un atajo para dos crisis

Crece la tendencia a crear trabajo a partir de las nuevas necesidades ambientales. La gran incógnita es si compensarán los empleos que se pierdan por aquellas actividades que no puedan mantener.
 
El Bitachi.- El mercado global de productos y servicios ambientales redondeó el año pasado los US$ 1.370 millones y habrá crecido al doble hacia 2020. Eficiencia energética, transporte sostenible, suministro de agua, gestión de servicios sanitarios y desechos son algunas de estas actividades que ofrecen trabajo a millones de personas en los países industrializados, nuevas opciones que se conocen como "empleos verdes".

El sector de las energías renovables, por caso, ya ofreció trabajo a 2,3 millones de personas (Renner, Sweeney y Kubit, 2008). Se proyectan inversiones por US$630.000 millones de aquí a 2030, que se traducirían en 20 millones de nuevos empleos. Hasta 2006, sólo el 3,1% de estas inversiones estaban en América Latina; en China un 7,6% y la Unión Europea más Estados Unidos concentraban casi el 75%.

Conceptualmente, se prevén al menos cuatro efectos: Creación de nuevos empleos.

Sustitución de trabajos (cambio de combustibles fósiles a renovables; de fabricación de camiones a coches ferroviarios o de incineración a reciclado de residuos).

Eliminación de empleos.

Trabajos existentes (plomeros, electricistas, trabajadores de la metalurgia y de la construcción) que serán transformados de acuerdo a criterios más verdes, (OIT, Hechos y cifras, Unidos contra el Cambio Climático, 2008).

Si es verde y decente, mejor La crisis de desempleo récord despertó interés por el plan "Green Jobs", un proyecto lanzado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (PNUMA) en 2007 para impulsar "empleos verdes" conciliándolos con el objetivo de la OIT de "trabajo decente".

La iniciativa fue tomada por países desarrollados como España que hoy ocupa a medio millón de personas con los empleos verdes, por ejemplo en la construcción para la eficiencia energética (paneles solares), huertas y hasta transporte verde (buses ecológicos, ferrocarril).

La construcción, el primer sector que se abordó con esta iniciativa de la OIT, es clave al concentrar entre el 25 y el 40% del uso de la energía en el mundo y entre el 30 y 40% del total de emisiones contaminantes. Un ejemplo modesto pero muy rico es la iniciativa sudafricana llamada Kuyasa, en el barrio Khayelitsha, el mayor asentamiento desestructurado de Ciudad del Cabo.

Se aplicaron medidas de ahorro de energía en 2.000 hogares: techos aislantes, calentadores de agua solares, iluminación de bajo consumo. Se crearon 76 puestos de trabajo y los residentes tuvieron una reducción de un 40% de gasto en electricidad (Revista Trabajo, OIT, diciembre 2010).

En agricultura, 12 millones de personas podrían trabajar en biomasa para la producción de energía y otras industrias relacionadas.

"Una transición hacia la eficiencia energética en las viviendas a nivel mundial podría generar millones de trabajos, al mismo tiempo que hacer más limpios los empleos existentes para muchos de los cerca de 111 millones de trabajadores del sector de la construcción".

Por otro lado, las inversiones en el cuidado directo de las áreas protegidas naturales deben multiplicarse varias veces. "Las inversiones públicas dirigidas al sector forestal podrían crear unos 100 millones de nuevos empleos en todo el mundo" (Nair y Rebecca Rutt, Impacto de la turbulencia económica sobre el sector forestal, documentos de la FAO).

Latinoamérica: todo por hacer Según un reciente documento de la CEPAL (América Latina en el contexto del debate sobre empleo verde: potenciales para su desarrollo, CEPAL, febrero 2011), pese a la gran necesidad que tiene América Latina de volver más sustentable su economía (la producción exportable padecerá en breve barreras ambientales), el tema está en pañales.

Son excepciones algunas iniciativas impulsadas en México y Brasil. En ambos países funcionan consejos de construcción ecológica que ahora se están creando en la Argentina, Chile, Guatemala y Panamá.

También se estudia la producción de biocombustibles, ya que requiere 100 veces más trabajadores por unidad de energía producida que la de energía fósil.

"Empleo verde" no significa "trabajo decente". "Muchos de estos trabajos son sucios y peligrosos, por ejemplo las industrias de reciclado, administración de desechos, energía de biomasa y construcción", advierte el documento de la CEPAL. Allí se deja muy en claro que para que exista desarrollo sostenible deben poder sostenerse tanto la base ecológica como la base social de la vida humana.
 
Fuente: erural.com.ar