sábado, 3 de mayo de 2014

Por siembre Emma Dolujanoff en Camahuiroa



Camahuiroa, Huatabampo/VM, 3 de abril.- Y se cumplió su deseo: Ema Dolujanoff Avcharov se quedó en la playa de Camahuiroa. 
 
La Unidad Regional Sur (URS) de la Universidad de Sonora hizo posible la petición, en el testamento de la escritora, de que sus cenizas fueran esparcidas en la playa de Camahuiroa.

Testigos de honor de la ceremonia fueron los danzantes de pascola y venado, acompañados en ese atardecer por músicos tradicionales mayos, yoremes de quien se enamoró y en quienes encontró, tanto en tierra, monte, arena y mar, su inspiración para escribir "Los Cuentos del desierto".

El homenaje póstumo se realizó el pasado 30 de abril, en los jardines de la iglesia de la comunidad de Camahuiroa, donde se dieron cita personal y académicos de la Universidad de Sonora, habitantes de la localidad, amistades, allegados a la escritora provenientes de la ciudad de México y fiesteros mayos, que le rindieron su tradicional ritual como despedida a quien fuera una visitante querida y que supo valorar la cultura de esta región.

Luz Haydée Cruz Morales, vicerrectora de la URS, dio la bienvenida a nombre del rector Heriberto Grijalva Monteverde, y agradeció a los habitantes de esa comunidad por su asistencia, así como a los invitados especiales que viajaron desde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), amigos de Dolujanoff, quienes gestionaron los trámites para que las cenizas de la autora quedaran en Camahuiroa.

De Emma, dijo, es un orgullo no sólo para la Universidad de Sonora, sino para todos los sonorenses, el que ella decidiera quedarse aquí, con la gente que convivió, de la que aprendió en estas tierras, que la enamoraron y donde escribió sus principales cuentos y novelas en el marco de la esencia de los indios mayos de Sonora, a quienes conoció e impactó su presencia.

El profesor Lombardo Ríos Ramírez, orador oficial, invitado por la Universidad de Sonora, describió la trayectoria y obra de Dolujanoff Avcharov. 

Con sus palabras supo refrescar esa memoria, entre los asistentes, con las mareas altas, la arena, el monte, los indios, su amor a la vida y a la gente, y el público le respondió con lágrimas y aplausos.

Arturo Villanueva y Robertson, albacea de la doctora Dolujanoff, con palabras muy emotivas agradeció la calidez de la gente sonorense, de la que ella -Emma- siempre se sintió orgullosa.

 En mención especial se refirió a su esposa, Margarita Noguera, amiga entrañable de homenajeada.
Ignacio Almada Bay, integrante de la Junta Universitaria de la alma mater, destacó la relevancia de la obra de la también escritora, de origen armenio, fallecida en abril de 2013. 

"Vivió como doctora entre los indios mayos, a los que describió en sus cuentos --señaló--. Seducida por la conjunción del cielo, monte y mar, prolongó su estancia en este solar del sur de Sonora, trabando afectos con los lugareños".

A nombre de la comunidad habló Miguel Humo, quien dijo ser un fiel lector de Emma, de conocer su obra y de sentirse orgulloso porque alguien extranjero vino a escribir y describir las costumbres y la cultura de la etnia mayo, de la que él es nativo, añorando la vida de sus abuelos, que posiblemente conocieron a la autora. 

Finalmente, frente a un atardecer rojizo, en la playa de Camahuiroa --un rincón del sur de Sonora que baña el Mar Bermejo--, al son de los danzantes de Venado y Pascola, con una marea brava que abría sus brazos de espuma centenaria para estrechar a esa nueva habitante de las rutas marinas, fueron esparcidas las cenizas de Emma Dolujanoff Avcharov. 

Cuentan que entre las alas salinas del aire se vio flotar un espíritu agradecido, y que el rumor de las olas traían el sonido apacible de unos pies descalzos de mujer al caminar sobre la playa, imaginando una línea del cuento La correría del venado: "Voy a la Correría porque el padre lo manda, porque es cosas de hombres para la Fiesta de San Miguel".