martes, 10 de mayo de 2011

Paz con justicia y dignidad


Yo tengo patria antes que partidos”. Miguel Negrete Novoa, 1824-1897, militar mexicano.   

El Bitachi/ Navojoa.- Dicen que todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de ejercerla; por eso, la tragedia que estremeció la familia del renombrado poeta mexicano Javier Sicilia, con el asesinato de su hijo, puso de nueva cuenta en la opinión pública nacional e internacional, la necesidad de revisar una estrategia gubernamental contra la inseguridad que a la fecha y durante lo que va de este sexenio, ha enlutado casi 40,000 hogares.

Y hago el énfasis en las debilidades de nuestro sistema de procuración  y administración de justicia, porque desafortunadamente, no es lo mismo el crimen de una persona sin recursos económicos, sin apellidos que pesen, o sin algún tipo de reconocimiento social, que el crimen de alguien de las altas esferas en este país.

No obstante y con el sentimiento solidario que es menester expresar en estas circunstancias, el dolor provocado en Javier Sicilia llevó a millares de mexicanos a una marcha, otra marcha, para exigir al gobierno, la paz y la seguridad que poco a poco parece irse diluyendo.

Esta nueva marcha inició en Cuernavaca, Morelos, con un itinerario que cruzó el municipio de Huitzilac, donde en 1927, fueron asesinados a culatazos y tiros, el general Francisco Serrano junto con doce de los integrantes de su campaña presidencial y cruzó también el pueblo de Topilejo, lugar donde en 1929 ocurriera una matanza de estudiantes vasconcelistas,  para que después de tres días de recorrido, en un tramo de aproximadamente 90 kilómetros, arribara al Zócalo de la Ciudad de México, donde en 1968 se desarrollaron los infames asesinatos de estudiantes en 1968, por mencionar solo algunos de los episodios históricos de nuestro país, ligados invariablemente a la intolerancia y violencia.

Fue en la Plaza de la Constitución donde Javier Sicilia expresó una de las primeras demandas de esta Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad: La renuncia de Genaro García Luna como Secretario de Seguridad Pública, por no estar a la altura de garantizar la paz social, siendo esta  una de las primeras obligaciones del Estado.

Dicha exigencia me lleva a reflexionar y expresar varias cosas: El actual estado de cosas tiene como origen la desigualdad y la injusticia, entonces que también renuncie Francisco Blake Mora, Secretario de Gobernación, por sus nulos esfuerzos de darle gobernabilidad a este pueblo.

Que también renuncie Ernesto Cordero Arroyo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por su descaro y cinismo de decir que los mexicanos ganamos 6 mil pesos al mes y que con eso pagamos los créditos de vivienda, auto, ropa, comida, medicina, zapatos y hasta nos sobra para mandar a nuestros hijos a escuelas particulares.

Que también renuncie Heriberto Félix Guerra, Secretario de Desarrollo Social, por su desinterés de promover de a deveras la movilidad social.

Que también se vaya Bruno Ferrari García de Alba, Secretario de Economía, porque dicha bonanza económica solo se refleja en sus bolsillos y unos cuantos.

Que también renuncie Francisco Mayorga Castañeda, Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, en virtud de que las mejores frutas y verduras, los exquisitos filetes y las seleccionadas especies marinas solo se sirven en su elegante comedor y no en las mayoritarias y modestas mesas mexicanas.

Que también deje libre el campo Dionisio Pérez-Jácome Friscione, Secretario de Comunicaciones y Transportes, por hacerse el disimulado ante el alto índice de inseguridad en las carreteras y no permitir el libre tránsito.

Que también renuncie Alonso Lujambio, Secretario de Educación, por apostarle a las taranovelas como herramienta contra el analfabetismo y rezago educativo.

Que también se vaya José Ángel Córdova Villalobos, Secretario de Salud, por tener en la indefensión médica a millones de mexicanos en el marco de un miserable cuadro médico de medicamentos, mientras él y unos cuantos gozan de privilegiada atención hospitalaria en el extranjero, o va a decir que hace cola en el IMSS, ISSSTE o en el Seguro Popular.

Que también renuncie Javier Lozano Alarcón, Secretario del Trabajo y Previsión Social, por su ineptitud, desvergüenza e insensibilidad ante los trágicos acontecimientos mineros.

Que también renuncie Abelardo Escobar Prieto, Secretario de la Reforma Agraria, por su inamovilidad ante la crisis del campo mexicano.

Iba agregar a Marisela Morales Ibáñez, Procuradora General de la República, pero apenas va tomando posesión de su cargo, así que mejor esperaremos su desempeño a favor de la patria y no de su partido.

Y eso es precisamente lo que le urge a este país:

Que los funcionarios se olviden de su militancia partidista al asumir un cargo público y actúen leal y patrióticamente al pueblo mexicano.

Lo exigimos, lo demandamos, para eso les pagamos con nuestros impuestos.

No es asunto de ley ni fuerza a discreción Presidente Calderón.

Es asunto de razón.

Razón que quisiera tomara en cuenta mi Gobernador y mi Presidente Municipal.

Un abrazo.